
La Anunciación entre los santos Ansano y Margarita es un
tríptico pintado al
temple por el pintor
italiano Simone Martini en colaboración con
Lippo Memmi. Fue pintado en
1333. La parte central es tres veces más ancha que las laterales: 184
cm de alto por 114 cm de ancho; los compartimentos laterales tienen unas dimensiones de 105 por 48 cada uno. Se exhibe actualmente en la
Galleria degli Uffizi en
Florencia. Está considerada la
obra maestra de Simone Martini y de la
escuela sienesa y de la
pintura gótica en general. Fue realizado para un altar lateral de la
catedral de Siena.
HistoriaUna obra de género, de extraordinaria finura lineal, no tiene modelos coetáneos en Italia, pero acaso sí surgen parecidos cuando se compara con los
manuscritos miniados por la corte
francesa o con las pinturas más fantasiosas producidas en
Alemania o en
Inglaterra. Esta "manera" norte-europea allanó el camino para el reclutamiento de Simone Martini en el entorno de los pintores italianos en la corte papal de
Aviñón, donde estuvieron presentes otros italianos, pero ninguno florentino, en cuando la clásica monumentalidad de la
escuela giottesca no encontraba consenso en la sociedad gótica francesa.
La pintura fue encargada para el altar de
san Ansano, uno de los protectores de
Siena, en la catedral sienesa, donde permaneció hasta el año
1799, cuando el Gran Duque
Pedro Leopoldo lo hizo transportar a Florencia, donde fue expuesto el mismo año en los Uffizi.
DescripciónLa tabla está compuesta por un gran compartimento central, con la Anunciación, y por dos compartimentos laterales con
san Ansano (a la izquierda) y
santa Margarita (a la derecha). San Ansano, patrón de Siena, lleva
sus atributos: una bandera considerada como la “bandera de la Resurrección” que simboliza la victoria sobre la muerte. También, puesto que murió martirizado, lleva la palma.
Por encima hay cuatro
tondos o
medallones con
profetas que son de izquierda a derecha:
Jeremías,
Ezequiel,
Isaías y
Daniel. Isaías porta un rollo con la profecía que aparece en la
Biblia.
El panel centralLa escena central muestra a mano izquierda el ángel apenas aterrizado, con la capa todavía aleteante en un elegante arabesco y las alas, de una finísima trama de plumas doradas, todavía desplegadas. La Virgen, sentada en un trono de espacialidad incierta, un poco en perspectiva, es sorprendida durante la lectura e instintivamente tiene un gesto de hosquedad, cerrándose la capa con la mano y apretando los hombros, a medio camino entre la asustadiza
castidad y la altanera hosquedad. Su expresión, con la boca estrecha y los ojos sutiles, es de extraordinaria gracia aristocrática pero también un poco alterada. Su ropa está compuesta según pasos rítmicos que tienen la fineza de un arabesco y que desmaterializan el cuerpo, devolviéndolo una pura línea decorativa: las piernas están de hecho aplanadas, apenas intuibles por la tendencia nerviosa del borde de la ropa. Los santos, por otro lado, tienen la misma fisonomía, debida al uso de modelos de carta para obtener la forma de las figuras, sin ningún interés en la representación individual.
El ángel Gabriel aparece en la parte izquierda del panel central. De su boca salen las palabras doradas, que aparecen en el
Evangelio de San Lucas: Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum, como un auténtico antepasado de los
tebeos. Lleva en la mano una
rama de olivo. En el borde de su túnica aparecen bordadas otras palabras. Completa la escena un pavimento de mármol moteado (espacialmente incoherente con el de los paneles laterales) sobre el que en el centro se encuentra una preciosa jarra dorada con algunos lirios, flor mariana símbolo de pureza y
virginidad; en lo alto se encuentra la paloma del
Espíritu Santo rodeada por cabecitas de
querubines alrededor. El fondo es una deslumbrante extensión de oro, que da a la escena una apariencia abstracta pero también extraordinariamente espiritual. Todo queda aún más en evidencia principalmente por los dorados de los vestidos y de otros detalles, según algunas técnicas que parece que Simone hubiera inventado justo para esta obra. Esencialmente se trata de pintar sobre la hoja de oro, sea extendiendo caligráficamente el color y con veladuras para dejar a la vista el oro de abajo, el "palliatura", visible en las alas del ángel, sea arañando sucesivamente el color para crear motivos adamascados, como en el vestido del ángel. A ello debe añadirse el rico punzonado, la elaboración con el
buril y con el
cincel de detalles como las aureolas o los bordes de los vestidos, que crean una superficie pictórica extremadamente preciosa y de calidad altísima. El uso de las veladuras fue una característica básica de la dulzura de la pintura de Simone Martini, que en su entono de
Aviñón si difundió haciendo de premisa para la gran pintura norteña del siglo XV y la técnica del óleo.